Hacía las nueve de la tarde llamaron al timbre. Mònica se levantó como un
resorte y se dispuso a abrir. Llevaba aún la misma falda y camisa rota de la
tarde. Sergi la abrazó, apretándola fuertemente, agarrándole las nalgas, sin
más. – Dame las llaves de tu casa – Sin pensarlo, las cogió del bolso y se las
entregó. – Ahora vámonos.
- ¿Qué quieres que me ponga? – preguntó Mònica, sin saber dónde iban.
Otra vez la mirada de Sergi denotaba indiferencia al responder: – De hecho, da
igual.
Temerosa de lo que Sergi hubiera planeado, se puso una falda larga y una
camiseta holgada, lo menos sexy posible. Bajaron en el ascensor, sin hablar, y
pasearon un rato, en silencio. A Mònica le pareció que él sí sabía dónde
iban. Se paró delante de una tienda de ropa. En el escaparate había ropa de
todo tipo, todo muy a la moda. La cogió de la mano y entraron. Era un lugar
grande, con bastante gente entrando y saliendo. – Si…
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