La caricia en la mejilla la llenó de inquietudes y temblores, no lo pudo evitar. Sus fértiles pechos se irguieron bajo la blusa del uniforme. Las puntas cobrizas de sus pezones se apretaron contra el sostén de copa gruesa. Galopó algo en su cuerpo, era una sensación nueva, a la que por años se había negado para no despertar la idea de estar pecando.
Con esa agitación en el cuerpo entró al cuarto. No terminaba de entender tal aturdimiento. Quiso mirarse, saber si su hermoso rostro moreno reflejaba aquella excitación que hormigueaba en su cuerpo. Detenida frente al espejo de cuerpo entero vio unos ojos luminosos, calenturientos.
Con movimientos lentos, llevada por aquella sensación que la dominaba, empezó a desabotonar la blusa color verde agua. Suavemente acariciaba sus hombros y antebrazos. Fuera la blusa, el blanco del sostén resaltó sobre la piel morena. Llevó sus manos atrás para dejar caer el ajustador lentamente. Saltaron sus senos pletóricos, duro…
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