Un relato para todos (I) (Grandes Relatos)

Bretreito Miller

Siempre las cosas terminan por pasar. Es como ser jalado por cincuenta
briosos caballos, la resistencia que uno empeña no es nada. Así me sentí una
noche, mientras empinaba mi taza de café y acababa con el último trago. Di
vueltas en la habitación con esa mezcolanza de sensaciones en mi vientre y en
todo lo bajo de mis piernas, en el cuello y la punta de mis dedos, y, sobre
todo, en mis genitales. Salí y bajé las escaleras con prisa, afuera respiré
hondo y paré intempestivamente toda esa energía furiosa y ancle los pies en el
suelo para poder pensar, para saber que iba a hacer. Los caballos
desaparecieron. Quede quieto, caminar hasta la esquina era lo de siempre, pero
cuando el chofer del taxi asomó su cabeza por la ventanilla y me ofreció el
servicio no pude contenerme. Arriba di la dirección. No hablé más, apretaba
las manos y las miraba y apretaba las piernas y sentía como había algo de
humeda…
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